Resumen
Esta clase delimita el objeto de la lógica matemática: no la verdad de los enunciados particulares, que corresponde a cada ciencia, sino la forma de los razonamientos y la validez, es decir, la relación entre premisas y conclusión que garantiza que la verdad de aquellas pasa a esta. Define proposición, argumento, premisa, conclusión, forma y contraejemplo; distingue la validez de la verdad con argumentos válidos de conclusión falsa e inválidos de conclusión verdadera; muestra por qué el lenguaje natural, ambiguo y capaz de hablar de sí mismo, no basta para estudiar la validez con rigor, y establece la distinción entre lenguaje objeto y metalenguaje, que gobierna todo el curso. Expone después, con sus hipótesis explícitas y sus demostraciones, las paradojas del mentiroso, de Berry y del barbero, y la de Russell, que el barbero anticipa, y explica cómo un lenguaje formal las evita o las convierte en teoremas. Termina con los cuatro pilares de la lógica matemática y con el mapa del curso.
Objetivos de aprendizaje
- Distinguir la validez de un argumento de la verdad de sus premisas y de su conclusión, y refutar una forma inválida construyendo un contraejemplo.
- Reconocer ambigüedades del lenguaje natural y precisar cada lectura de un enunciado ambiguo.
- Distinguir el lenguaje objeto del metalenguaje, y el uso de una expresión de su mención.
- Analizar una paradoja: aislar sus hipótesis, deducir la contradicción y decidir qué hipótesis debe abandonarse.
Qué estudia la lógica
Todo conocimiento que no se obtiene por observación directa se obtiene razonando: de ciertas afirmaciones que se aceptan se pasa a otra que se sigue de ellas. Un geómetra que sabe que los ángulos de un triángulo suman dos rectos concluye que ningún triángulo tiene dos ángulos obtusos; un médico que sabe que cierta enfermedad produce fiebre, y que su paciente no la tiene, descarta esa enfermedad. La lógica es la disciplina que estudia cuándo ese paso es legítimo, y la lógica matemática es la que lo estudia con los métodos de la matemática: definiendo con exactitud sus objetos, que son lenguajes, fórmulas y deducciones, y demostrando teoremas sobre ellos.
Para enunciar con precisión qué estudia, conviene fijar primero el vocabulario. Una proposición es una oración declarativa de la que tiene sentido decir que es verdadera o que es falsa: « es un número primo» es una proposición verdadera; «todo número par es mayor que », una proposición falsa. No son proposiciones, en cambio, las preguntas («¿qué hora es?»), las órdenes («cierra la puerta») ni las expresiones con variables libres, como « es par», cuyo valor depende de lo que designe .
Un argumento es una lista de proposiciones, las premisas, junto con otra proposición, la conclusión, que se presenta como consecuencia de ellas. Las premisas pueden ser cualesquiera proposiciones: verdaderas, falsas, conocidas o meras suposiciones; lo único que las distingue es el lugar que ocupan en el argumento. Escribiremos los argumentos con las premisas en líneas sucesivas y la conclusión precedida de «por tanto»:
Si un número es múltiplo de , es par. El número es múltiplo de . Por tanto, es par.
Sus premisas son «si un número es múltiplo de , es par» y « es múltiplo de »; su conclusión, « es par».
La lógica no es una teoría de la verdad
Si esto es así, la lógica no tiene por oficio averiguar si las premisas de un argumento son verdaderas. Que sea múltiplo de lo decide la aritmética; que un paciente tenga fiebre, el termómetro; que una batalla haya ocurrido en cierto año, la historia. Tampoco le corresponde definir qué es la verdad, cuestión que pertenece a la filosofía. La lógica admite que las proposiciones tienen un valor de verdad, sea cual sea, y estudia cómo se relacionan esos valores entre sí: en particular, cuándo la verdad de unas proposiciones obliga a la verdad de otra. Dicho de otro modo, la lógica no es una teoría de la verdad, sino una teoría de la transmisión de la verdad.
Ahora bien, lo que transmite la verdad no depende del tema del argumento, sino de su estructura. Compárese el argumento anterior con este otro: «si un animal es un mamífero, respira aire; la ballena es un mamífero; por tanto, la ballena respira aire». Ambos tienen la misma forma: «si algo es , es ; es ; por tanto, es ». La forma de un argumento es lo que queda al reemplazar sus términos no lógicos (números, animales, propiedades) por letras, conservando las palabras lógicas: «no», «y», «o», «si… entonces», «todo», «algún». Cada argumento que se obtiene de una forma al dar contenido a sus letras es una instancia de ella.
Una forma es válida cuando ninguna de sus instancias tiene todas las premisas verdaderas y la conclusión falsa; un argumento es válido cuando su forma lo es. Una instancia con premisas verdaderas y conclusión falsa se llama contraejemplo de la forma: de donde una forma es inválida exactamente cuando tiene un contraejemplo.
En las demostraciones de esta clase usaremos una taquigrafía del español: abrevia « es verdadera» y , « es falsa»; abrevia «no», abrevia «y», abrevia «o», abrevia «si… entonces» y abrevia «si y solo si»; se lee «para todo» y , «existe». Estos signos son aquí meras abreviaturas de palabras; en la clase siguiente reaparecerán como signos de un lenguaje formal, con un sentido que el curso fijará con exactitud.
Si un argumento es válido y todas sus premisas son verdaderas, su conclusión es verdadera. En consecuencia, si un argumento válido tiene conclusión falsa, alguna de sus premisas es falsa.
Demostración
Sea un argumento válido con premisas y conclusión , y supongamos que todas las premisas son verdaderas.
Todo argumento es instancia de su propia forma: basta dar a las letras de la forma el contenido que tenían en el argumento.
Por la definición de validez, ninguna instancia de esa forma tiene las premisas verdaderas y la conclusión falsa; en particular, no la tiene el argumento mismo.
Como las premisas son verdaderas, lo único que puede fallar en la conjunción negada es la falsedad de la conclusión: la conclusión es verdadera.
Si, por el contrario, la conclusión es falsa, no pueden ser verdaderas todas las premisas, porque entonces lo sería la conclusión.
La proposición dice lo que la validez garantiza; conviene ver con igual claridad lo que no garantiza. De las cuatro combinaciones posibles entre la validez y la verdad de la conclusión, solo una queda excluida, la del argumento válido con premisas verdaderas y conclusión falsa; las demás ocurren todas.
Todo número primo es impar. El número es primo. Por tanto, es impar.
La forma es la misma del primer argumento de la clase, de modo que el argumento es válido; sin embargo, su conclusión es falsa. La proposición anterior señala dónde está el defecto: alguna premisa es falsa, y en efecto lo es la primera, porque es primo y par. Un argumento válido no produce verdades; solo conserva las que recibe.
Si un número es múltiplo de , es par. El número es par. Por tanto, es múltiplo de .
Premisas y conclusión son verdaderas, y aun así el argumento es inválido. Su forma, «si algo es , es ; es ; por tanto, es », tiene un contraejemplo: con el número en lugar del , las premisas siguen siendo verdaderas («si un número es múltiplo de , es par»; « es par») y la conclusión, « es múltiplo de », es falsa. La verdad de la conclusión original no procede de las premisas, sino de la aritmética: . Esta forma inválida, frecuente en el razonamiento cotidiano, se llama afirmación del consecuente.
De ello se sigue la regla práctica que la clase ejercitará: para mostrar que un argumento es inválido no basta señalar que alguna premisa o la conclusión es falsa, y para mostrar que es válido no basta que todo en él sea verdadero; lo primero exige exhibir un contraejemplo de su forma, y lo segundo, un razonamiento que valga para todas las instancias.
Lenguaje natural y lenguaje formal
La definición de validez descansa sobre dos operaciones: reconocer la forma de un argumento y decidir si una proposición es verdadera o falsa. Ambas suponen que cada oración tiene una sola lectura. El lenguaje natural, el español, el chino o el árabe, que los seres humanos aprenden sin instrucción formal y usan para comunicarse, no cumple esa condición: su flexibilidad, que lo hace apto para la poesía, la conversación y el matiz, lo hace también ambiguo.
- Ambigüedad léxica: una palabra tiene varios significados. «Me senté en el banco» puede referirse a un asiento o a una institución financiera.
- Ambigüedad sintáctica: una oración admite varias estructuras. «El doble de tres más cuatro» puede ser o .
- Ambigüedad de alcance: no se sabe a qué parte de la oración afecta una palabra lógica. «Todos los alumnos no aprobaron» puede significar que ninguno aprobó o que no todos aprobaron.
- Conectores imprecisos: la «o» unas veces admite que ambas alternativas se cumplan («se pide título o experiencia») y otras lo excluye («café o té»); el «si… entonces» unas veces expresa causa, otras una regla, otras una mera sucesión.
A la ambigüedad se suma un rasgo más profundo: el lenguaje natural puede hablar de sí mismo. Contiene las palabras «oración», «verdadero» y «definir», y con ellas puede formar oraciones que se refieren a sí mismas, como «esta oración tiene cinco palabras». Esta autorreferencia es, en general, inofensiva; pero, como se verá, combinada con la noción de verdad produce oraciones que no pueden ser ni verdaderas ni falsas.
Un lenguaje formal se diseña para eliminar ambas fuentes de dificultad. Se fija un alfabeto, una colección de signos, y unas reglas de formación que dicen, sin dejar lugar a interpretación, qué sucesiones de signos son expresiones bien formadas; el significado de cada expresión se fija después mediante definiciones igualmente precisas. Así, preguntar si una sucesión de signos pertenece al lenguaje es una cuestión que se resuelve mecánicamente, comprobando reglas, y cada expresión se lee de una sola manera. El lenguaje de este curso, que la clase sobre el lenguaje de la lógica proposicional construye, tiene un alfabeto de solo dos signos, el círculo y el disco , y una sola regla de formación.
El precio es la flexibilidad: un lenguaje formal no sirve para conversar, y cada lenguaje formal expresa solo lo que sus reglas permiten. No es cierto, sin embargo, que se sacrifique todo el poder expresivo: los lenguajes formales de la lógica de primer orden bastan para escribir casi toda la matemática. Lo que se sacrifica es la ambigüedad y la autorreferencia descontrolada; lo que se gana es la posibilidad de demostrar teoremas sobre el propio lenguaje.
Lenguaje objeto y metalenguaje
Para estudiar un lenguaje hay que hablar de él, y para hablar de él se necesita otro lenguaje. El lenguaje objeto es el lenguaje que se estudia; el metalenguaje es el lenguaje en que se lo estudia. En una gramática latina escrita en español, el latín es el lenguaje objeto y el español el metalenguaje. En este curso, el lenguaje objeto será el lenguaje formal de círculos y discos, y el metalenguaje será el español, enriquecido con signos matemáticos y con letras griegas, , , que designarán fórmulas cualesquiera del lenguaje objeto sin pertenecer a él.
La distinción es central por una razón precisa: las afirmaciones que el curso demostrará sobre el lenguaje formal (que toda fórmula se lee de una sola manera, que todo lo deducible es verdadero) no son fórmulas del lenguaje formal, sino oraciones del metalenguaje. Por eso se llamarán metateoremas, para distinguirlas de los teoremas que el sistema deductivo produce dentro del lenguaje objeto.
Una forma elemental de la distinción es la que separa el uso de una expresión de su mención. En «Roma es una ciudad» se usa la palabra para hablar de la ciudad; en «“Roma” tiene cuatro letras» se menciona la palabra, y las comillas lo indican: la oración habla de la palabra, no de la ciudad. Confundir ambas cosas produce enunciados absurdos, como «Roma tiene cuatro letras», o argumentos falaces, como «Roma es una ciudad; “Roma” es una palabra de cuatro letras; por tanto, una ciudad es una palabra de cuatro letras».
Tomemos como lenguaje objeto el latín. La oración «Roma aeterna est» pertenece al lenguaje objeto. La oración «“Roma aeterna est” tiene tres palabras» pertenece al metalenguaje, el español, y es verdadera. La oración «la oración anterior está escrita en español» habla de una oración del metalenguaje: pertenece a un tercer nivel, el metalenguaje del metalenguaje, aunque esté escrita en la misma lengua. Nada impide que un mismo idioma sirva en varios niveles; lo que importa es no perder de vista de qué se habla.
Las paradojas del lenguaje
Una contradicción es una afirmación junto con su negación, como . Una paradoja es un razonamiento que, partiendo de hipótesis que parecen aceptables y avanzando por pasos que parecen válidos, llega a una contradicción. Por la proposición sobre lo que la validez garantiza, si los pasos son de verdad válidos, alguna hipótesis es falsa: resolver una paradoja consiste en encontrar cuál. Conviene no confundir la paradoja con la ambigüedad, que es solo la multiplicidad de lecturas, ni con lo meramente sorprendente.
El mentiroso
La paradoja más antigua de este género se atribuye a Eubúlides de Mileto, en el siglo IV antes de nuestra era. En su forma precisa no habla de mentir, que supone la intención de engañar, sino de falsedad: sea la oración «la oración es falsa». Para obtener la contradicción bastan dos hipótesis, que conviene escribir explícitamente.
- Bivalencia (B): toda proposición es verdadera o falsa, y no ambas cosas; ser falsa equivale a no ser verdadera.
- Esquema de la verdad (T): una oración es verdadera si y solo si lo que dice es el caso. Por ejemplo, «la nieve es blanca» es verdadera si y solo si la nieve es blanca.
Las hipótesis de bivalencia y del esquema de la verdad, aplicadas a la oración , conducen a una contradicción: no hay manera de asignar a un valor de verdad que las respete. En la figura, la oración se señala a sí misma, y las flechas recorren las dos posibilidades.
Demostración
Por la bivalencia, es verdadera o falsa, y no ambas: ser falsa es no ser verdadera.
Lo que dice es que es falsa. Por el esquema de la verdad, es verdadera exactamente cuando lo que dice es el caso.
Al encadenar ambas equivalencias, la verdad de equivale a su propia negación.
Si fuera verdadera, por la equivalencia leída de izquierda a derecha no lo sería: el supuesto se refuta a sí mismo, y no es verdadera.
Pero entonces, por la equivalencia leída de derecha a izquierda, es verdadera: se tienen a la vez una afirmación y su negación.
El teorema no dice que la lógica sea contradictoria, sino que las dos hipótesis no pueden sostenerse a la vez para un lenguaje que contiene la oración . Hay, por tanto, tres salidas: abandonar la bivalencia y admitir oraciones sin valor de verdad; restringir el esquema de la verdad; o impedir que el lenguaje forme la oración . La tercera es la de Alfred Tarski, en 1933: el predicado «es verdadera» de un lenguaje no pertenece a ese lenguaje, sino a su metalenguaje. En un lenguaje así, no es una oración bien formada, y la paradoja no puede enunciarse.
La paradoja de Berry
Publicada por Bertrand Russell en 1906, que la atribuyó a George Berry, bibliotecario de Oxford, esta paradoja no usa la palabra «verdadero», sino la palabra «definir». Se dice que una frase del español define un número natural cuando lo describe de modo que se lo puede identificar sin ambigüedad: «el menor número primo mayor que diez» define el . Consideremos la frase «el menor número natural que no puede definirse con menos de veinte palabras», que debe leerse tal como está escrita, y llamemos al número que pretende definir. Los números naturales, en este curso, son
Si el vocabulario del español es finito y la relación «la frase define el número» está bien determinada, se llega a una contradicción: el número existe, y a la vez puede y no puede definirse con menos de veinte palabras. En la figura, las frases cortas se envían a los números que definen, que son pocos; el primer número que queda libre es .
Demostración
Sea el número de palabras del diccionario. Las frases de una palabra son a lo sumo ; las de dos, a lo sumo ; y así hasta las de diecinueve. Las frases de menos de veinte palabras son, por tanto, un número finito .
Cada frase define a lo sumo un número. Sea el conjunto de los naturales que alguna frase de menos de veinte palabras define: tiene a lo sumo elementos.
Entre los números hay alguno que no está en . Recorriéndolos en orden, el primero que no está en es el menor natural que no puede definirse con menos de veinte palabras: todos los anteriores están en .
Pero la frase «el menor número natural que no puede definirse con menos de veinte palabras» tiene trece palabras, y define precisamente a .
Se tienen a la vez una afirmación y su negación.
La exposición corriente, que se limita a observar que la frase tiene menos de veinte palabras, omite la mitad del argumento: que el número existe, lo que exige la finitud del vocabulario y la elección del primero que falta. La hipótesis que falla es la segunda: «definir» no es una relación precisa del español, porque la frase que define a usa la propia palabra «definir», y su sentido depende de cuáles frases cuentan como definiciones. En un lenguaje formal puede precisarse qué significa «definible en », pero esa noción solo se expresa en el metalenguaje; la frase que define a no pertenece a , y la contradicción desaparece: no es definible en con pocos signos, aunque sí lo sea en el metalenguaje.
El barbero y el conjunto de Russell
La paradoja del barbero se suele contar así: en un pueblo hay un barbero, hombre del pueblo, que afeita a todos los hombres del pueblo que no se afeitan a sí mismos, y solo a ellos. ¿Se afeita el barbero a sí mismo? Las dos palabras «solo a ellos» son esenciales: un barbero que afeitara a todos los que no se afeitan a sí mismos, sin la restricción, podría afeitarse también a sí mismo sin contradicción alguna. La paradoja es un caso particular de un lema general, de forma diagonal, que conviene demostrar una sola vez.
Sea una colección de objetos y una relación entre ellos, de modo que, para cada par , de objetos de , la afirmación es verdadera o falsa. Entonces no existe ningún objeto de tal que, para todo de , se cumpla si y solo si no se cumple . En la figura, cada fila es un objeto y cada columna un objeto , y una casilla está rellena cuando se cumple; la fila que buscamos para debería invertir la diagonal, y por eso difiere de cada fila en la casilla diagonal de esta.
Demostración
Supongamos que existe un tal en .
La condición vale para todo de , y es uno de ellos: podemos tomar .
Si se cumple, por la equivalencia no se cumple: contradicción.
Si no se cumple, por la equivalencia se cumple: contradicción también.
Como uno de los dos casos debe darse, el supuesto es insostenible: no existe tal .
En ningún pueblo hay un hombre del pueblo que afeite a todos los hombres del pueblo que no se afeitan a sí mismos, y solo a ellos.
Demostración
Sea la colección de los hombres del pueblo y la relación « afeita a ». El barbero es un hombre del pueblo, de modo que está en ; que sea un barbero como el descrito significa que afeita a cada hombre del pueblo exactamente cuando ese hombre no se afeita a sí mismo.
Por el lema diagonal, ningún hombre del pueblo cumple esa condición: el barbero descrito no existe. La historia no es una paradoja, sino la demostración de que su protagonista es imposible.
La conclusión del barbero es inofensiva: nadie había afirmado que tal barbero existiera. No ocurre lo mismo con su versión en la teoría de conjuntos. En 1902, Russell escribió a Gottlob Frege que su sistema, que pretendía fundar la aritmética en la lógica, admitía el siguiente principio de comprensión: para toda propiedad hay un conjunto cuyos elementos son exactamente los objetos que la tienen. Aplicado a la propiedad de no pertenecer a sí mismo, el principio afirma que existe el conjunto
El principio de comprensión, sin restricciones, es contradictorio.
Demostración
Sea la colección de todos los conjuntos y la relación « pertenece a ». El principio de comprensión, aplicado a la propiedad , afirma que existe un conjunto cuyos elementos son los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos.
Con la relación elegida, la condición de es exactamente la del lema diagonal, con en el lugar de : es , y es .
El conjunto es un conjunto, de modo que está en ; por el lema diagonal, tal no existe, y tomando se obtiene la equivalencia imposible. Pero el principio afirma que existe. El principio implica, por tanto, una contradicción.
A diferencia del barbero, aquí la existencia de no era una suposición de un relato, sino un principio de la teoría. La paradoja de Russell no se resuelve declarando que no existe, sino reformando la teoría: la teoría axiomática de conjuntos de Zermelo, de 1908, solo permite formar, con una propiedad, subconjuntos de un conjunto ya dado, y con esa restricción la contradicción no se deduce.
Lo que no es una paradoja
Se ha llamado a veces «paradoja del conjunto vacío» a la observación de que el conjunto vacío existe aunque no tiene elementos, como si un objeto existente debiera estar hecho de objetos existentes. No hay en ello contradicción alguna: un conjunto no está hecho de sus elementos como un muro de sus ladrillos, sino que queda determinado por ellos, y la colección de los elementos de un conjunto puede no tener ninguno, como una caja vacía sigue siendo una caja. Que un hecho sorprenda no lo hace paradójico; la paradoja exige deducir una contradicción, y aquí no se deduce ninguna.
Cómo las trata un lenguaje formal
De lo anterior se sigue que un lenguaje formal no evita las paradojas por arte de magia, sino de dos maneras precisas. La primera es que puede carecer de los recursos que las producen. El lenguaje de la lógica proposicional, que construye este curso, no tiene oraciones que se refieran a sí mismas ni un predicado de verdad: en él no se puede escribir la oración del mentiroso, y su semántica asigna a cada fórmula, sin excepción, un único valor de verdad. La segunda es que, en lenguajes más ricos, la paradoja se convierte en teorema: el razonamiento del mentiroso, hecho con rigor, demuestra que la verdad de un lenguaje suficientemente expresivo no es definible en ese mismo lenguaje (Tarski); el del barbero y de Russell demuestra que ciertas colecciones no son conjuntos; y argumentos emparentados con el de Berry están en el corazón de los teoremas de incompletitud de Kurt Gödel, de 1931. Así, lo que en el lenguaje natural es una perplejidad, en un lenguaje formal es información.
Los cuatro pilares de la lógica matemática
La lógica matemática nació a fines del siglo XIX y comienzos del XX, con Frege, Peano, Russell y David Hilbert, como respuesta a una pregunta precisa: sobre qué fundamentos descansa la matemática y si esos fundamentos están libres de contradicción. Hoy se la divide en cuatro grandes ramas, que se entrelazan constantemente.
- Teoría de la demostración: estudia las demostraciones formales como objetos matemáticos, es decir, como sucesiones finitas de fórmulas que siguen reglas explícitas; pregunta qué puede demostrarse en un sistema, si un sistema es consistente y cómo se transforman unas demostraciones en otras. La unidad de deducción de este curso es un primer contacto con ella.
- Teoría de modelos: estudia la relación entre un lenguaje formal y las estructuras que lo interpretan, sus modelos; pregunta qué estructuras satisfacen un conjunto de fórmulas y qué propiedades de las estructuras pueden expresarse en un lenguaje dado. La unidad de semántica, con sus asignaciones de valores de verdad, es su versión más elemental.
- Teoría de conjuntos: estudia los conjuntos con axiomas precisos, como la de Zermelo y Fraenkel, en la que puede escribirse casi toda la matemática; nació, en buena parte, de la necesidad de evitar la paradoja de Russell.
- Teoría de la computabilidad: estudia qué problemas pueden resolverse mediante un procedimiento mecánico y cuáles no. La lógica proposicional es decidible, como verá el curso: existe un procedimiento que decide en un número finito de pasos si una fórmula es válida; la lógica de predicados, en cambio, no lo es.
Ningún pilar se estudia en profundidad sin tocar los demás: la completitud, resultado central de este curso, es a la vez un teorema de la teoría de la demostración y de la teoría de modelos, y la decidibilidad que se obtiene de ella pertenece a la computabilidad.
El mapa del curso
El curso recorre, para el lenguaje más sencillo de la lógica, el proposicional, el camino completo de una teoría lógica, en cuatro unidades.
- Lenguaje: la sintaxis. Se construye el lenguaje objeto con su alfabeto de dos signos y su regla de formación, se demuestra que cada fórmula se lee de una sola manera, se aprende a demostrar por inducción y se traducen al lenguaje formal enunciados y argumentos del lenguaje natural, señalando lo que la traducción conserva y lo que pierde.
- Deducción: se fija un sistema de axiomas y una regla de inferencia, y se define qué significa que una fórmula se deduzca de un conjunto de fórmulas , lo que se escribe . Es la cara sintáctica de la validez: manipular signos según reglas, sin atender a su significado.
- Semántica: se asigna a cada fórmula un valor de verdad en cada asignación, y se define qué significa que sea consecuencia de , lo que se escribe : toda asignación que hace verdaderas las fórmulas de hace verdadera a . Es la cara semántica de la validez, la definición de esta clase hecha precisa.
- Metateoría: se demuestra que ambas caras coinciden. La corrección dice que todo lo deducible es consecuencia, y la completitud, que toda consecuencia es deducible. Se estudian después la compacidad y un método mecánico, la resolución, para decidir si un conjunto de fórmulas puede satisfacerse.
Si esto es así, el curso es el primer ejemplo completo de una teoría matemática cuyo objeto es el razonamiento mismo; y todas sus afirmaciones sobre el lenguaje formal serán, como se ha visto en esta clase, oraciones del metalenguaje demostradas con el rigor de la matemática.
Problemas resueltos
Los problemas siguientes ejercitan, en dificultad creciente, las distinciones de la clase: refutar un argumento cuyas oraciones son todas verdaderas, separar las lecturas de un enunciado ambiguo, clasificar expresiones del lenguaje objeto y del metalenguaje, y analizar dos razonamientos de apariencia paradójica para decidir si lo son.
Mostrar que el siguiente argumento es inválido, aunque sus premisas y su conclusión sean verdaderas: «todo múltiplo de es par; el número es par; por tanto, es múltiplo de ».
Solución
Abreviamos « es múltiplo de » por y « es par» por . Las premisas y la conclusión son verdaderas, porque .
La forma se obtiene reemplazando el nombre por una letra : dos premisas y una conclusión.
Buscamos una instancia con premisas verdaderas: la primera no depende de , y la segunda pide un número par. Tomamos .
La conclusión de esta instancia es falsa, porque no es múltiplo de .
La forma tiene un contraejemplo: es inválida, y el argumento también. La verdad de su conclusión procede de la aritmética, no de las premisas.
Sea la lista de números , , . Mostrar que la oración «todos los números de no son primos» tiene dos lecturas, y que con esta lista una es verdadera y la otra falsa.
Solución
Abreviamos « es primo» por . Primera lectura: la negación afecta a cada número, y la oración dice que ninguno es primo.
Segunda lectura: la negación afecta a la afirmación entera, y la oración dice que no todos son primos.
Como es primo, el último término de la primera lectura es falso, y con él la conjunción entera: la primera lectura es falsa.
Como no es primo, la conjunción de la segunda lectura es falsa, y su negación verdadera: la segunda lectura es verdadera.
Las dos lecturas no son equivalentes: la primera implica la segunda, pero no a la inversa, y esta lista lo muestra. En matemática, la segunda se escribe «no todos los números de son primos», y la primera, «ningún número de es primo».
Tomemos como lenguaje objeto las sucesiones de los signos y , y como metalenguaje el español, con letras griegas que designan sucesiones cualesquiera. Clasificar cada una de las siguientes expresiones y decidir, cuando proceda, si es verdadera: (a) ; (b) « tiene tres signos»; (c) «para toda sucesión , la sucesión empieza con un disco»; (d) « es verdadera».
Solución
La expresión (a) pertenece al lenguaje objeto: es una sucesión de signos, no una oración del español, y no es verdadera ni falsa; de ella se habla, pero ella no afirma nada.
La expresión (b) es una oración del metalenguaje que menciona la sucesión (a) y cuenta sus signos: es verdadera.
La expresión (c) es una oración del metalenguaje. La letra no es un signo del lenguaje objeto, sino una variable del metalenguaje que recorre sus sucesiones; la oración es verdadera, porque comienza, por construcción, con el disco.
La expresión (d) pertenece al metalenguaje, pero aún no tiene valor de verdad: la sucesión será una variable del lenguaje del curso, y una variable no es verdadera ni falsa por sí misma, sino solo cuando una asignación, en la unidad de semántica, le da un valor. En la clase siguiente se la llamará .
En una pizarra está escrita, entre otras, la oración : «toda oración escrita en esta pizarra es falsa». Admitiendo la bivalencia y el esquema de la verdad, demostrar que es falsa y que en la pizarra hay alguna otra oración verdadera; y deducir que solo hay paradoja si es la única oración de la pizarra.
Solución
Sea el conjunto de las oraciones de la pizarra; es una de ellas. Por el esquema de la verdad, es verdadera si y solo si todas las oraciones de son falsas.
Si fuera verdadera, todas las oraciones de serían falsas, y está en : sería falsa, y por la bivalencia no sería verdadera. El supuesto se refuta a sí mismo.
Por tanto, no es verdadera; por la bivalencia, es falsa.
Por el esquema de la verdad, que sea falsa significa que no todas las oraciones de son falsas: alguna es verdadera, y no es , que es falsa.
Si en la pizarra hay otra oración verdadera, todo es coherente: es simplemente falsa. Si, en cambio, es la única oración de la pizarra, no hay ningún distinto de en , y se obtiene una contradicción, como en el mentiroso. Que la paradoja aparezca depende, por tanto, de un hecho empírico: lo que hay escrito en la pizarra.
Un adjetivo es autológico si se aplica a sí mismo («esdrújula» es una palabra esdrújula; «polisílabo» es polisílabo) y heterológico si no («monosílabo» no es monosílabo; «agudo» no es una palabra aguda). Demostrar que, si «heterológico» es un adjetivo y la relación «se aplica a» está bien determinada para todos los adjetivos, se llega a una contradicción; y decidir qué hipótesis abandonar.
Solución
Sea la colección de los adjetivos del español y la relación «el adjetivo se aplica a la palabra ». Un adjetivo es autológico si y heterológico si .
Sea el adjetivo «heterológico». Por su definición, se aplica a un adjetivo exactamente cuando ese adjetivo no se aplica a sí mismo.
Si es un adjetivo, está en , y su condición es la del lema diagonal. Tomando , se obtiene la equivalencia imposible.
Por el lema diagonal, ningún objeto de cumple la condición de . Si está en , hay contradicción.
La hipótesis que falla es la segunda: «se aplica a» no es una relación precisa para adjetivos que, como «heterológico», se definen a su vez por esa misma relación. En un lenguaje formal, la relación se definiría en el metalenguaje, y el adjetivo no pertenecería al lenguaje objeto, de modo que la condición sería falsa y no habría contradicción.
Problemas propuestos
Los dos primeros problemas ejercitan la validez y la ambigüedad; el tercero, el uso y la mención; los dos últimos piden analizar una paradoja nueva y aplicar el lema diagonal fuera de la lingüística. Cada uno tiene una pista, que conviene abrir solo después de haberlo intentado.
Considérense las dos formas siguientes: (a) «si , entonces ; no ; por tanto, no »; (b) «si , entonces ; no ; por tanto, no ». Decidir cuál es válida y cuál no; para la inválida, construir un contraejemplo con enunciados sobre números, y para la válida, explicar por qué ninguna instancia puede ser un contraejemplo.
Pista
Para la forma (b), busca una implicación verdadera entre propiedades de números, como «si es múltiplo de , es par», y un número que no tenga la primera propiedad pero sí la segunda. Para la (a), supón que las premisas son verdaderas y pregúntate qué ocurriría si fuera verdadera.
Respuesta
La forma (a), llamada modus tollens, es válida: si las premisas son verdaderas y lo fuera, también lo sería , contra la segunda premisa. La forma (b), la negación del antecedente, es inválida: «si es múltiplo de , es par; no es múltiplo de ; por tanto, no es par» tiene premisas verdaderas y conclusión falsa.
Un aviso dice: «para entrar se necesita pasaporte o documento nacional y visado». Escribir sus dos lecturas con las letras (pasaporte), (documento nacional) y (visado), y describir un viajero al que una lectura deja entrar y la otra no.
Pista
La duda es si el visado acompaña solo al documento nacional o a cualquiera de los dos documentos. Prueba con un viajero que tiene un único documento.
Respuesta
Las lecturas son y . Un viajero con pasaporte y sin visado puede entrar según la primera y no según la segunda.
Decidir si cada oración habla de la ciudad o de la palabra, y si es verdadera o falsa: (a) «Roma tiene cuatro letras»; (b) «“Roma” tiene cuatro letras»; (c) «“Roma” es la capital de Italia»; (d) «la oración “Roma es la capital de Italia” contiene la palabra “Roma”».
Pista
Las comillas convierten una expresión en el nombre de esa expresión. Pregúntate, en cada caso, qué objeto designa el sujeto de la oración: una ciudad, una palabra o una oración.
Respuesta
(a) Habla de la ciudad y es falsa, porque una ciudad no tiene letras. (b) Habla de la palabra y es verdadera. (c) Habla de la palabra y es falsa, porque una palabra no es una capital. (d) Habla de una oración y de una palabra, y es verdadera.
En una cara de una tarjeta está escrita la oración : «la oración es verdadera»; en la otra cara, la oración : «la oración es falsa». Admitiendo la bivalencia y el esquema de la verdad, demostrar que no hay manera de asignar valores de verdad a y a . ¿Qué ocurre si dice, en cambio, «la oración es verdadera»?
Pista
Escribe el esquema de la verdad para cada oración, y encadena las equivalencias hasta obtener una que relacione consigo misma. En la variante, haz lo mismo y comprueba qué asignaciones la cumplen.
Respuesta
En la primera versión se obtiene , como en el mentiroso, sin que ninguna oración hable de sí misma. En la variante, admite dos asignaciones, ambas verdaderas o ambas falsas: no hay contradicción, pero nada decide entre ellas.
Solución desarrollada
Solución
Por el esquema de la verdad, es verdadera exactamente cuando lo es.
Por el esquema de la verdad, es verdadera exactamente cuando es falsa; por la bivalencia, ser falsa es no ser verdadera.
Al encadenar ambas equivalencias, la verdad de equivale a su propia negación, y se razona como en el mentiroso: si es verdadera, no lo es, y si no lo es, lo es.
En la variante, el esquema de la verdad para da , que junto con la primera equivalencia solo exige que ambas tengan el mismo valor: hay dos asignaciones coherentes y ninguna contradicción.
Sea una lista cualquiera de sucesiones infinitas de ceros y unos, y escribamos para el término -ésimo de la sucesión . Demostrar, con el lema diagonal, que la sucesión definida por cuando , y cuando , no figura en la lista. Deducir que ninguna lista numerada contiene todas las sucesiones de ceros y unos.
Pista
Toma como colección los números naturales y como relación la afirmación . ¿Qué condición cumpliría un número tal que ?
Respuesta
Si fuera , el número cumpliría para todo , lo que el lema diagonal prohíbe. Por tanto difiere de cada al menos en el término -ésimo, y ninguna lista contiene todas las sucesiones.
Solución desarrollada
Solución
Sea el conjunto de los números naturales y la afirmación de que el término -ésimo de vale .
Por su definición, vale exactamente cuando no vale .
Supongamos que figura en la lista en el lugar , es decir, . Entonces, para todo , equivale a , que equivale a .
Por el lema diagonal, ningún cumple esa condición: la sucesión no figura en la lista. Concretamente, difiere de en el término -ésimo.
Como la lista era cualquiera, ninguna lista numerada contiene todas las sucesiones de ceros y unos: a cada lista le falta, al menos, su sucesión diagonal.