Resumen
Esta clase enseña a definir instrucciones y entornos propios y a reunirlos en un preámbulo que pueda reutilizarse. Explica por qué conviene nombrar las funciones del texto en lugar de repetir su aspecto; presenta \newcommand con argumentos obligatorios y con un argumento opcional de valor predeterminado, \renewcommand y \providecommand, y el error que se produce cuando un nombre ya existe; muestra brevemente \NewDocumentCommand, la interfaz moderna que el núcleo de LaTeX incorpora; analiza el espacio que se pierde tras una instrucción sin argumentos; define entornos con \newenvironment, con su código de apertura y de cierre; y enseña a llevar el preámbulo a un archivo propio, sea un archivo que se lee con \input, sea un paquete .sty, atendiendo al orden de carga de los paquetes y a la sobriedad del conjunto.
Objetivos de aprendizaje
- Justificar la definición de una instrucción propia por la función que nombra, y no por el ahorro de escritura.
- Definir instrucciones con argumentos obligatorios y con un argumento opcional, y predecir su resultado en cada forma de uso.
- Distinguir
\newcommand,\renewcommandy\providecommand, e interpretar el error que produce un nombre ya ocupado. - Prever y evitar la pérdida del espacio tras una instrucción sin argumentos.
- Definir entornos con argumentos y reconocer qué parte de la definición puede usarlos.
- Organizar un preámbulo propio en un archivo aparte o en un paquete, decidir cuál conviene, y ordenar la carga de los paquetes.
Por qué definir instrucciones propias
En la clase dedicada al formato con sentido se vio la idea central: cada marca de formato debe responder a una función del texto, y una instrucción propia nombra esa función mientras su definición, escrita una sola vez en el preámbulo, fija cómo se ve. Esta clase estudia el mecanismo con detalle. Antes conviene precisar qué se gana, porque de ello depende cuándo vale la pena definir una instrucción y cuándo no.
Se ganan tres cosas. La primera es el sentido: \concepto{ente} dice qué es la palabra, mientras que \textit{ente} solo dice cómo se ve, y la fuente se lee como un texto anotado y no como una lista de órdenes tipográficas. La segunda es la coherencia: si los vectores se escriben siempre con \vect, no puede ocurrir que unos salgan en negrita y otros con flecha por descuido. La tercera es que una convención se cambia en un solo lugar: si un tribunal, una revista o un director piden otra notación, se modifica una línea del preámbulo y el cambio alcanza a todo el documento. De ello se sigue el criterio: merece una instrucción propia lo que cumple una función reconocible y se repite; no la merece un ajuste aislado, que se escribe en su lugar y no se repite.
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